NEGAR que el ciclismo vive un mal momento -eufemismo, que no Eufemiano, de crisis- es cerrar los ojos a la realidad. Decenas de ciclistas en el paro, emigraciones masivas a Portugal, carreras que mueren y operaciones que no llegan a buen puerto son signos inequívocos de que algo sucede. Las empresas ven que el ciclismo casi ha pasado a formar parte de la sección de sucesos de muchos medios de comunicación y prefieren que su nombre no se asocie a EPO, autotransfusiones, registros policiales y conflictos para los que no se encuentra solución, pero si desunión.

Se están marchando los patrocinadores: Discovery Channel y T-Mobile, quizá los dos más potentes del mundo, se han ido definitivamente hace escasos días. Otros, como Crédit Agricole y Gerolstiener, ya han puesto fecha de caducidad a su esponsorización. El resto se merece un aplauso, porque presiones seguro que las hay.

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